De las nuevas palabras y el tercer milenio

Cultura 19 de junio de 2018 Por
Un nuevo lenguaje asoma entre las necesidades linguisticas del tercer milenio, son los nuevos recursos discursivos con los cuales abrazar las necesidades de pertenencia, inclusión y representatividad de los distintos grupos sociales. Entre ellas hoy elegimos: Sororidad la cual es de uso casi exclusivo del género femenino.

Una nueva palabra, con significado ético, político y reivindicativo, está llamando a la puerta de la Real Academia Español la que después de un tiempo la Fundación del Español Urgente (Fundéu) la calificase de “término válido”. Se trata de sororidad, definida como la relación de hermandad y solidaridad entre las mujeres para crear redes de apoyo que empujen cambios sociales, para lograr la igualdad. Puede sonar a vieja reivindicación, pero cuando las cosas se mueven se necesitan términos nuevos.

A nivel lingüístico, la palabra sigue el mismo patrón que fraternidad, cuya raíz latina es frater (hermano), pero en este caso la raíz sería soror (hermana), aludiendo así a la relación entre iguales de las personas de sexo femenino. Pero evidentemente la sororidad va mucho más allá del debate lingüístico y supone un salto del feminismo más teórico –de hecho sisterhood se acuñó en el feminismo estado­unidense de los setenta– a una consigna que se extiende y apela a las mujeres a unirse y apoyarse frente a una cultura aún patriarcal y donde perviven enquistadas las discriminaciones. Fundéu subraya que este término empieza a verse en las noticias políticas y sociales de los medios de comunicación.

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Las palabras, señala Juana Gallego, directora del Observatori per a la Igualtat de la Universitat Autònoma de Barce­lona, quieren decir cosas y es ­necesario poner nuevos tér­minos en marcha para que se produzcan cambios. En este caso, las redes sociales y el acti­vismo de muchos y diferentes grupos feministas han ayudado no sólo a expandir este concepto sino a darle fuerza. Grupos diferentes que convergen y dialogan en la red.

Estos movimientos también se perciben en la calle. Gallego explica que hace años que no veía tantas pintadas en la universidad, lo que indica que el ­debate y la concienciación arraiga entre las jóvenes. No hacen falta grandes manifiestos teóricos, señala, y en cambio sí que hay un marco general, un hilo conductor de denuncia del “patri­arcado heteronormativo”, una ­denuncia que viene también de la mano de los colectivos LGTBI. La lucha contra la violencia machista también ha sido un factor importante en esta concientización.

Poner nombre a lo que sucede supone reflexionar sobre ello, darse cuenta de que existe. Hace veinte años, la palabra género que en la acepción actual no existía, como también es relativamente nuevo el concepto femicidio, incluido en el diccionario de la RAE en el 2014, aunque con críticas debido a la tibieza de su definición. Fue la antropóloga mexicana Marcela Lagarde quien acuñó este término para describir la situación de las mujeres en Ciudad Juárez, y es ella una de las principales referentes en la defensa del término sororidad.

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“Es una dimensión ética, política y práctica del feminismo contemporáneo –escribe–. Es una experiencia de las mujeres que conduce a la búsqueda de relaciones positivas y la alianza existencia y política (...) con otras mujeres para contribuir con acciones específicas a la eliminación social de todas formas de opresión y al apoyo mutuo para lograr el poderío genérico de todas y el empoderamiento vital de cada mujer”.

La sororidad también cuestiona la supuesta rivalidad entre mujeres, explica Juana Gallego, que ha sido incentivada precisamente por el patriarcado. Una rivalidad que se cocía en aquellos anuncios de detergentes basados en “la vecina tiene la ropa más limpia”.

Se reivindica así de la complicidad femenina, pero no como un fin en si mismo, sino para lograr objetivos de cambio social. Es una dimensión política, no una ingenua apelación a una supuesta solidaridad natural entre las mujeres.

Al margen de la confusión de Pablo Iglesias en sus recientes palabras sobre la feminización de la política, un grupo de mujeres de Podemos en Elche ha empezado una campaña de recogida de firmas para pedir a la RAE que incluya en el diccionario el término sororidad, al igual que sí que está incluida la palabra fraternidad. Se recuerda en esta línea que los términos en inglés y francés ( sisterhood y sororité) sí que tienen cabida en sus respectivos diccionarios. Pero a veces para que las propuestas se extiendan deben salir de los ámbitos partidistas. De momento, sororidad ya es “término válido” gracias, valga la redundancia, a esta nueva fraternidad activista femenina.

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Fuente: Cristina Sen (Barcelona)